RORAIMA, EL VIAJE DE LAS EMOCIONES

Sentir un mar de emociones a la hora de viajar
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Sentir un mar de emociones a la hora de viajar, suele ser lo más común. Desde la incertidumbre de lo que vamos a hacer, pasando por el deseo de que no se terminen las vacaciones aún cuando no han comenzado, hasta el miedo o la euforia a los aviones, los barcos o las carreteras, son emociones que se manifiestan como un torbellino, aunque varían en intensidad.

Renny Ottolina, el célebre presentador de televisión y político venezolano que ha inspirado a generaciones, dijo una vez: “Para que exista el respeto, debe existir la admiración… y ¿cómo se puede respetar un país que no se admira?, ¿cómo se puede admirar un país que no se conoce? …Hay que conocer Venezuela, para quererla más” y de esa manera cierra una reflexión que me ha acompañado.

Efectivamente, me he dedicado a conocer Venezuela por varios años y poco a poco. He tenido la fortuna de poder co-crear las posibilidades de viajar por el país y conocer lugares increíbles como: Los Roques, Choroní, Canaima y el Salto Angel, así como la mayoría de las ciudades más grandes, pero mi más reciente viaje a la Gran Sabana y ascenso al tepuy Roraima, tuvo algo especial.

Recuerdo que los amigos que antes que yo habían subido el tepuy, me hablaban de un viaje cargado de emocionalidad y hasta llanto. En ese momento, me parecía un completo absurdo que la idea de subir una montaña durante tres días, pudiera representar tal movida emocional. Ese juicio se desvaneció durante mi travesía.

¿Por qué subir Roraima, nos puede llevar al llanto y nos invita a remover emociones y soltar cargas? Pues tal vez la respuesta la tenga cada quien. Personalmente, diría que se trata de la combinación de factores como: la contemplación y conexión con la naturaleza, la posibilidad de conectarte con el silencio absoluto, la invitación a mirar hacia adentro pues se trata de un viaje estrictamente personal y esa sensación abrumadora de que ese cuerpo, sometido a horas de caminata, sol y frío, es demasiado pequeño ante la inmensidad de lo que estás observando.

¿Roraima no es un viaje para todo el mundo? Yo digo que para el que lo desee. Requiere cierta condición física, pero sobretodo una gran disposición mental. Existen muchas recomendaciones previas: desde impermeabilizar y coser previamente tus zapatos de montaña, hasta el tipo de comida que deberías subir al tepuy y te garantizaría la energía necesaria para “hacer cumbre”. La verdad es que lo único que cualquier ser humano necesita es la disposición real de realizar un viaje que te cambiará la vida y te permite recordar por qué #AquiNoSeHablaMalDeVenezuela.

Después de Roraima, sentí que pude conocer el cielo en la tierra, imagina estar dentro de una nube blanca, transitar por suelos llenos de arena en el tope de una montaña, caminar sobre cuarzos vivamente blancos y jaspes tan rojos como la sangre que corre por tus venas. Observar una vegetación única en el mundo: orquídeas, bromelias y un verde infinito y lleno de matices, cuyo fin es imposible de observar y señalar.

Y es cuando deja de invadirme cualquier duda: el paraíso existe y queda en Venezuela.

Por: Álvaro Pérez-Kattar
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