LA MÁS COMÚN DE LAS ANEMIAS. LA FERROPÉNICA

Hay muchos tipos de anemias, pero la más común de todas es la anemia ferropénica (por deficiencia de hierro en la sangre)
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LA MÁS COMÚN DE LAS ANEMIAS. LA FERROPÉNICA






Hay muchos tipos de anemias, pero la más común de todas es la anemia ferropénica (por deficiencia de hierro en la sangre), en la que los niños tampoco
escapan de sufrirla, y siempre ocasionan en el organismo una serie de trastornos que no coinciden con una enfermedad determinada.



La anemia es la disminución de la concentración de la hemoglobina en la sangre. Depende de varios factores como la edad, el género y, a veces, en
condiciones especiales como el embarazo. La ferropenia en la infancia se debe, normalmente, a una relación entre una ingesta inapropiada de hierro y un
aumento en los requerimientos de éste, por un rápido crecimiento de tejidos en el niño.



Según cifras por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que a nivel mundial, aproximadamente un 20% de la población infantil sufre
este tipo de anemia. En nuestro país, de acuerdo con estudios de Unicef y el Banco Mundial, el número de niños mayores de 5 años con Anemia Ferropénica
supera el 41%.



Esta afección ocurre cuando el organismo no tiene la cantidad de hierro suficiente, el cual es el responsable en ayudar a producir glóbulos rojos, quienes
son los encargados de llevar oxígeno a los tejidos de todo el cuerpo. Los glóbulos rojos sanos son originados en la médula ósea, quienes circulan por el
organismo durante 3 a 4 meses.



En la mayoría de los casos, los síntomas son leves al principio y aparecen relativamente lentos. Estos pueden incluir cambios de humor, debilidad o
cansancio en el cuerpo, dolores de cabeza, problemas para concentrarse o pensar, entre otros. A medida que la anemia avanza, los síntomas pueden
presentarse con uñas quebradizas, mareos al ponerse de pie, color pálido en la piel, dificultad respiratoria y dolor en la lengua.



El tratamiento para este tipo de anemia suele ser el consumo de hierro, tanto en alimentos que sean ricos en éste (pollo, pavo, lentejas, guisantes,
frijoles, pescados, hígado de carne, avena, etc.), como en suplementos (medicamentos tales como sulfatos ferrosos, polimaltosatos férricos, entre otros).
Es necesario este consumo para acumular reservas de este elemento en el cuerpo. Su pediatra medirá, a través de exámenes sanguíneos, el nivel de hierro
antes que su hijo empiece a tomar suplementos.



Lo más recomendable es prevenir, desde un principio, proporcionándole una buena alimentación a nuestros niños desde el nacimiento, en donde se incremente
el consumo de alimentos de origen animal, fórmulas infantiles fortificadas en este componente, y el hierro en forma de oligoelemento (no vitamina) y así
aportar los requerimientos necesarios. El pediatra indicará la forma de administración más adecuada, para que ejerza su efecto médico sin crear efectos
colaterales indeseados.



Por Dr. Guillermo Stern



Médico pediatra y puericultor



@drstern50

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